Geografía del silencio
(Colección Monosabio, Ayto. Málaga, 1999)

 

Hay sentimientos con nombre de lugar
digo a veces alemanamente triste esta tarde
tiene resquicios de baviera
o qué parisina melancolía agita hoy mi corazón
y enfado el gesto con acritud romana
y argentinamente discuto la forma de tu ánimo
pero siempre me contestas con inglesa parsimonia
y me voy poniendo africana
hasta que vuelcas
síntesis escocesa en cada vaso
y sonreímos entonces en todos lo idiomas.

Cuando comienza a existir la gravedad
y bajan los párpados a mi desierta tierra
una atmósfera de aromas celestiales
destrozan el ozono de mi rabia.
He vuelto del sitio
donde el cielo se destiñe hasta el vacío
y se amontona su color
ante mi pálida mirada;
he vuelto de un abismo de lenguas medievales
con un viento de leones telonándome la cara
y aguitarrando con silencio la sonrisa.
Vengo del paisaje último del mundo
donde los ecos corean con su mutismo
el vertiginoso precipicio de tu canto.

 

Nada se muestra evitable
ni el obstáculo
de ser animal cada día
y acabar de cruces contra un muro.

Soy mundo frenado
cuando un escorzo de travellings
me esquivan la cintura
y me sale mirada de autómata
con un zoom que me abrevia
que agiganta mi cuerpo
hasta caer
hasta saber
que el hielo sumergido
siempre fue evitable.

 

Donde el color engaña a las banderas
con el desorden de la imagen
puzzleando ante mis ojos
allí vuelvo
mordiendo las esquinas de mis dedos
amasando el silencio de las nubes.
Donde los locos se enfrentan al olvido
me siento a ver el fondo de las cosas
revolviendo confusiones en mi mesa.

Ángeles de agua son arañas en mis cejas
y son boleros marítimos mis labios
flaneando ante los peces telúricos del tiempo
que me anzuelan la boca y me devoran.

 

Cuando una pincelada de ojos barnice la tierra
se harán mis pies raíces de gladiolos
y una estigia miel de colmena milenaria
abrigará de moscas mi goteante cuerpo.
Cuando una pincelada desplome el oceánico cielo
y nieve una mirada de lagos lunares
se llenará el viento de astros despoblados
de estrellas en rebaja
de solar bisutería.
Iré hacia su ruina
subiré
con los vestigios de mis carentes alas
profanando cementerios de flores muertas
imperfumando el aire con aroma cadavérico.
Cuando una pincelada anochezca el oceánico cielo
y crezcan niños en las manos
con la brutal cesárea de las venas
una amnesia de pena dará nombre al futuro
y entonces
seré el estiércol semilla del mundo.

 

I
Hay noches

que no tienen vaticinio
se camuflan bosquejadas
entre manchas de galaxias,
burbujas de cristal ensordecido,
que no aciertan a ser redondas.
Sólo extraña euforia
agorera de pájaros sin alas
revienta pronósticos etéreos
sobre las gradas de prolongado mar
un brindis de tapón
inaugurando el inicio de otra era
y las vides no existían
sólo como símbolos adánicos
improvisando paraísos
de repente.


II

De repente
otros cielos aparecen
como antorchas que adivinan la salida
y cada paso es mar
abriéndose camino por los ojos
y el llanto no existía
sólo como océanos pintados
a la orilla de un recuerdo


III
Se sumergen las horas
no existen
sino como eterna luz
acristalando una muralla
y en su centro
las pupilas de un dios
casiolvidadas
son el aleph de la historia
que parabólicamente se muestra
sin tiempo.



IV
Emergen las olas
hay cielos
que no saben parar las tempestades
- acaso las provocan -
pero siempre hay un rayo
con forma de camino
y la corriente me empuja
hacia su centro.



V
El centro es alado
y tiene el color de una vertiente
tras la lluvia
a tientas entro para ver
cómo mi piel áptera
despliega su silencio
y el mundo no existía
sólo como el símbolo
de un sueño indivisible.

 

Acortar caminos
es tan solo el resultado de la pereza
pigritia forjada a golpe de siglos
y arrastrar las manos por el suelo
cortarse la voz a dentelladas
para no gritar nunca
que sólo mis dedos engendran los abismos.


Serenarse en una silla
terremotar un atlas con las manos
sovietizar Colombia
toscanizar Sicilia
son los bulevares escaparates de la memoria
que a trozos habitan en el suelo
in absentia el cielo
se dispersa la Tierra a mis pies
quedan desiertos como pavesas de volcanes
posadas en el aire
no existen pájaros capaces
de desplegar un ápice de pluma
igual que yo
sometida al odre primigenio
fetal me entrego a la pereza de los siglos
no existen hoy manos capaces
de arquitectar un puzle.
Se muestra esta noche como la última.



En bosques erguidos he sumergido sueños

en campos que se elevan
sobre océanos verdes
pero siempre un agua trepadora
alcanzar el cuello pretendía
entonces aprendí
la filosofía más acuática
volver las venas laberintos de mares
y sentir agallas en la boca
filtrar un alimento
y ascender hacia la tierra
libre entonces
de la sangre más grave
de la gravedad más roja
calzado de cemento
que a cementerios titánicos
arroja anclando en verde
el sueño más sombrío.


Si el sueño
en el sueño enturbia la mirada
si un señuelo es para nadar el aire
si una nube para anillar montañas
si un momento para azular las horas
dame sueño el sueño
de una noche anclada
en una noche.

 

Se acabará en esta hora
lo que alguna vez llegó
leopardos tatuados en mis ojos
felino aullando por las garras
con más uñas que dientes y más dientes que bramidos
la certeza de enredarme alguna vez entre las ramas
y no dejarme ensombrecer allí donde la luz
es un túnel de incisiva boca
palidecer con la luz propia de un verano
en esta hora
en la que sé dónde encontrar amables bosques
con el mismo color de mi piel
y el sonido mismo de los ríos trazando
estos caminos acuáticos
hacia todos los desiertos.

Y nada importa que sean mis manos los leños
que van talando la niebla
puedo caminar entre las nubes
sortear un azar de piedras en el suelo
y no romperme la cabeza en el primer abismo que llegara
porque sé que a veces
estrellas diluidas en el aire
son el silencio que guía mi voz
sin más luz en los adarves
que estas hachas de cielo a mediodía
quebrando la penumbra.

Pero puede que la piel no sepa de árboles
de bosques encendidos por los rayos
de lagos empañados por el vaho
y abrigos de moho en los pantanos.
Sólo me queda esperar a que los años
descarguen en mí todos los anillos
y de madera será mi cuerpo la estatua
que entre hayas y monólogos de viento
reverdezca en el principio de los besos.

Escupiré el veneno
que me inflama la voz de hojas y raíces
los brazos como hoces rasurando de la piel
la silueta de Dafne y arácnida autopista
de nuevo agua y carne sin el temor de los licántropos
de nuevo ojos y manos sin el miedo a las sequías
voz de nuevo bañándome en los ecos
un grito de puenting que regresa a mi garganta
en esta hora
en que brotó mi cuerpo blanco negro
libre y trasrejado en el último principio
porque no hay mejor muerte que este sueño blanco
ni peor sueño que esta negra muerte.


"Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto...".
F.G. Lorca


Quiero morir en este siglo
en este año en este día en esta hora
pero que nadie sepa que he existido.

Quiero nacerme guacamayo
y enredarme los colores entre lianas de una selva
sacudida siempre por el verde,
surgir flor fugaz falaz belleza
o gota que la baña cursimente,
volver nogal mi cuerpo
y ser luego noble estantería
toda llena de Quijotes y Buen Amor en piel vitela,
llegar en blanco y negro toro de Guernica
o alzarme sobre el Sena en hierro entretejido;
quiero nacerme rayo en Buenos Aires
légamo en la pampa
(vos lo sabés)
que quiero volar en este siglo
en esta hora en este instante
pero que nadie sepa que he soñado.

 

I
A estas horas del camino quisiera

saberte hablar sin complicaciones
contarte que los días son largos y planos
otoños tristísimos
que el agua no es como antes
ahora sabe no sé a sangre contenida
que el sol no me deslumbra con la fuerza de un océano
sólo destellos charcos chapoteados por los niños
con sus botas de invierno
y su risa de siempre de verano
que el enojo y la euforia ya me son ajenos
igual que las banderas
que me agarro a los mástiles de las ventanas
y las tormentas duran más que las esponjas
cuando este barco de casa se me llena de mares
inundándolo todo
que mis maletas tienen las ruedas gastadas
de tanto cambiarlas de sitio
para que el polvo no les dibuje siglos
que aprendí a decir te quiero en portugués
aunque nunca me atreviera
y ya no le tengo miedo a la noche
porque agarro mis ojos con el válium
y ni me entero cuando algunos ángeles
llegan a enseñarme a volar
además rompí todas las estrellas
esas lamparitas vigilando la madrugada
que quité por fin el plástico de la ducha
para no mojarme de psicosis
y la bata pirenáica no llegara como siempre
a querer atravesarme la espalda
sabes, ya no distingo las estaciones
ya no me sirven
en este ártico láminas de hielo
siempre hace un frío de amanecer
y todo es blanco sabes
la muerte también es blanca
y el futuro no tiene burbujas como globos
todos salpicando de confettis
quería contarte que se me olvidaron las razones
que las calles son más estrechas que nunca
apenas un perfil sin rozarte de alambres
que ya no pretendo patinar
sólo llegar a la plaza es un trabajo
que ahora no mancho mis labios de siena
porque daba un no sé qué de tristeza
que pude ir a Coimbra sin miedo a perderme
y encontré aguadulce junto a los desiertos
sabes, se me olvidaron las razones
y se trazó la piel de mapas
como el resumen del mundo o de la tierra
un inventario de lunares finísimos
que perdieron ese toque de universo
lleno de cristales candelabros y gallos montados
sólo en recuerdo ahora prefiero tendida
que el sol tenga la forma de una tarde
pero todas mis ventanas dan al patio enorme
con rejas espesas como la sed
que aún no he conseguido
que los mudos no despierten en mí la risa
aunque ya es mucho más leve
que aprendí a dibujar iglesias con todo su campo
y hacer retratos surrealistas
que le cogí más miedo que nunca a la muerte
en fin
tan sólo quería decirte
sin complicaciones ni retóricas
que aún recuerdo los puertos y las botas verdes
pero olvidé las razones.

II
He olvidado
todo el color de otros días
que por más que aprieto las pupilas
no vuelven ya los cielos luminosos
nunca te conté
que también las sombras solares
construían en mí los miedos
dragones de cemento oscuro que se alzaban
que me trepaban por las piernas
y callaba
para no parecerte paranoica
pero de verdad que me moría por dentro de temblores.
Aún sigo dejando sin acabar
todo lo que emprendo con furia de estornudo
aún están las rosas secas colgadas bocabajo
y las gardenias esperando a que las nazca con esquejes
aún está el florero del lienzo sin contornos
y se me comió la carcoma el arca de nogal
y la luz de la entrada todavía parpadea
mira que ya no estás para ordenármelo todo
y mostrarme la tabla de prioridades
aunque nunca me gustara
y siempre
sin que lo supieras
volvía la cabeza para no ver esa palabra en tu boca
al cabo de mis desastres mi boca daría por verlo
en fin
que ya no danzo con la lluvia
para que te rieras de mi torpeza de autómata
que ya no canto rancheras ni pongo acento mejicano
ni descubro los hombros para nadie
yo ahora camino mirando al asfalto
para no tropezarme y llenarme las pupilas de tierra
yo ahora camino pegada a las paredes
y cruzo las calles con los brazos como pértigas
que más parezco una loca
mira, creo que la locura me visita alguna tarde
pero no me importa
más quisiera perder esta conciencia que me enloquece
los días esta soledad su amargo atuendo de voces cosidas
hilvanes gritos hincados al oído esta multitud ecos en el vaso
sonríen los tulipanes de plástico mordido el florero tiene
mandíbulas de acero y desencanto y me busca
esta cordura de cardos de acordes a destiempo
mira, que te dije que ya no canto ni un tango
al despuntar la nochebuena ni rancheras
que mi cielito aquel azul se lo llevaron
mi casa se la llevaron y me trajeron blanco
este cuadrado blanco con las ventanas sedientas
sabes, ya te lo dije, la muerte también es blanca
ateridamente blanca
como mis manos
como mis ojos que no ven ya lo que hay
sólo lo que quieren
esta demencia que lo llena todo de sueños
esta cordura disfrazada de mundos azules
gritar a la luz a la noche a la tristeza y sus empastes
a los puentes de conchas sobre los océanos
a los castillos de carey
cigarrillos resecos en la playa
mira, no se lo digas a nadie
que se llevaron mi casa y se me va el recuerdo a ratos
pero me queda este sueño
este mar estas alas de ojos cerrados
y tu imagen de siempre apretada a la retina.

 


Es inútil que busque otras cosas

un buque atado a un puerto
un minúsculo huerto de buganvillas enormes
la sonrisa de un niño al amanecer
esas cosas que aprendía en las terapias
que si el día a día sólo se soporta con las pequeñas bellezas
es inútil
porque sólo concibo la vida
cuando me arranco las vides del pecho
y te arranco una risa con lágrimas y todo
enormes como uvas.



A veces no sé
si es un elogio o un reproche
cuando dices
que tengo la puntualidad de los ángeles
por lo que conozco
nunca llegaron;
en cualquier caso
cuando aparezco
tu gesto es el mismo que el de Atahualpa Yupanqui
aprendiendo a tocar la guitarra.

Son las manos sordas como alas desgajadas
que como hojas muertas caen
solapadamente al suelo
levantando quebraderos transparentes
mi cuerpo se alimenta de golpes sucísimos
y tanto que con textura de barro la piel
ha despertado a los ciclones que murmuran cada día
como mil pares de alas a la vez
dando lodo al cuerpo dando todo
y tanto que sin nada quedo y queda
el silencio ennegrecido
acremente el grito ha reventado
por la espalda sin aviso
un rostro nuevo ensordecidamente
se nivela al mundo y no es mi rostro
porque sigo siendo
porque sigo andando sin camino
grito en alza simula una bandera
mi tierra es la tierra de las manos sin sonido
y ni siquiera intento una sonrisa
no me basta no me llega al filo de los labios
no juego al mínimo necesito los índices
para indicar la cruz que invalida la boca
no más amenazas inquiriendo un día y una hora
mis calendarios tienen los colores del sueño
que nada tienen que ver con las grecas del embozo
siempre mayas o incas o helenísticas
mis fechas son fachadas de un insomnio
exageradamente turbio pero sueño
en góndolas de silicona cruzo las bahías
y nunca me esperabas
pero vuelvo a sedimentos de mi pelo hendido
por vigilias eternizadas a fuerza de matarlas
si me hablan de tiempos cíclicos llamados circulares
no son el eterno retorno verdadero
son mis vueltas en la cama la caida al sueño
el desvelarse beber el agua estática de la mesita
resbalarse de nuevo buscando
trazados infinitos aunque sean rojos
y hablar con los primeros hombres
tropezar con las primeras piedras
peripatéticamente hablar a los primeros niños
y contarles
que no hay que llorar por cada cosa que se quiere
ni gritar por cada golpe
ni borrar los bisontes de la salita
ni saltar la sexta planta de un abismo
cuando el sueño persiste en quedarse
sentado mirando tu vigilia poblándose de miedos
y locuras blancas que acaban atándote a la cama.

 

Nunca he querido el final de las historias
son como de muerte blanca entumecida muerte
blanca rasgando los espacios
prefiero la continuidad del agua
la historia como línea los siglos como puentes
los sueños como rampas que suben a la luz
el aire como hilo de infinita savia
albergando la existencia de la historia
como círculo ceñido al mundo anillo
achicándose de oro y agua y bosque
la vida una y un sueño y un murmullo
de niño pidiendo sus zapatos
y cada queja o golpe o metal tronchado
una mínima melancolía
y cada muerte un suspiro de ave
y cada ausencia un grito de fuego
que engendra nuevas llamas
nada acaba porque nada ha empezado
mi sueño es el primer sueño
y son mis manos tus manos
y todas las manos que anudan los cordones
que peinan la hierba en todas las laderas
que inventan los mosaicos
que levantan carpas y amontonan pirámides
que cuentan los panes almacenan el trigo
trepan los árboles abordan los océanos
acogen el llanto de los niños
que es tanto que llega a los ríos
esa era la vida que decían que moría en el mar
y esa no es la vida
y nada me une con un moscovita enfermo
y nada sé del frío polar o de las fiebres selváticas
por lo que sé
todo es diverso y distinto
el universo es mentira y mi corazón es del tamaño
de un minúsculo grano de sol desprendidamente amargo
mis manos arrancan la hierba que entorpece
y todo acaba cuando debería empezar
por eso nunca me gustan los finales
y en el sueño discuto con la imagen de mi sueño
aunque nunca duerma
y me pase las noches discutiéndome a mí misma
con una luz finísima que da pena.

 


No conozco las piedras no sé

quién da más por algo ni por alguien
algún día haré volar monedas girando
y usaré sombreros de bohemia
bastones de encina y una palabra mágica
volviendo a ser la que soy
siempre quedarme
en las tardes junto al fuego
madrugar con la leña sobre el hombro
inventar futuros de cuando seré
de cuando era maga andina tejiendo el ecuador
crepitando con las llamas palabras como muerte
quieta nadie alma muda manos solas
tomando una taza de café ante tu sórdida mirada.

 


Es tarde
pero sé que estás en algún sitio alrededor
sé que puedo dormir sin sueño
soñar sin muerte
morir sin sangre
porque estás y recoges mi cuerpo
cada vez que la noche me lanza
a los hombros sus murciélagos
en forma de agua mineral.

 

Me arrancarás sospecho un día
de la sórdida marea del deshielo
en la hora en que los barcos tienen rumbo cero
y precipitan los diques a la arena
serás el enganche a mi cintura
y mi silencio de ancla hacia tu cuello
lanzaré
y entonces
mejor no digas nada.